Las 10 formas de Bei Shaolin

Por Miguel Ángel Ballesteros.
Ya han pasado casi 15 años que entré en la escuela de Valencia a aprender kungfu de la mano de sifu Sergio . Y pese a todo este tiempo, y unos cuantos cinturones detrás, aún sigo viendo el arte marcial con mirada de principiante.
Cuando empiezas en el kungfu no entiendes nada. Pero nada de nada. Resulta que hay estilos, que hay formas, que hay técnicas... Es todo un mundo infinito que aprender y del que disfrutar.
Así que empiezas a aprender Tan Tui. De reojo ves a compañeros que hacen algo que se llama "la 6ª" -o algo así- y que molan mucho porque pegan patadas voladoras.
Es una visión inocente y temprana del vasto universo que es el wu shu.
Luego pasan los meses y los años y crees que empiezas a entender un poco más. Resulta que lo que estudias es "Bei Shaolin" y que tiene 10 formas, de las cuales, por alguna razón que no entiendes (ni te atreves a preguntar) no se enseñan en orden. Todas se parecen, pero todas son distintas. A veces repites movimientos que ya viste ("ah, esto es como en la 6ª"), otras descubres combos nuevos que nunca habías hecho.
Poco a poco vas reuniendo y encajando piezas de un gran puzzle, ¿verdad? Pues bien, en este artículo vamos a agregar algunas piezas que faltaban: hablaremos del sistema Bei Shaolin y cómo este se construyó con un propósito. También por qué en la actualidad no lo seguimos estrictamente (spoiler: nuestros tiempos y disponibilidad/dedicación no son los mismos que existían cuando se creó).
Empecemos.
El currículo de Bei Shaolin
El currículo clásico de las diez formas de Bei Shaolin, asociado al linaje de Gu Ruzhang / Ku Yu-Cheung, puede entenderse como un camino de formación progresiva. No es solamente una colección de rutinas de mano vacía: es una manera de ordenar el aprendizaje del cuerpo, la distancia, la potencia, el ritmo y la estrategia.
Conviene hacer una distinción desde el principio. Estas diez formas no son "las diez formas universales del Templo Shaolin". Representan un currículo concreto de Shaolin del Norte transmitido y sistematizado en torno al linaje de Ku Yu-Cheung. Tampoco deben leerse como una taxonomía cerrada en la que cada forma tenga una única función. Cada rutina contiene muchos recursos, aplicaciones y niveles de lectura. Aun así, vistas en conjunto, dibujan una progresión pedagógica muy coherente.
La lista clásica presenta diez etapas: abrir, guiar, enraizar, atravesar, integrar, compactar, cambiar de ángulo, desplazar, encadenar y sintetizar. Ese recorrido lleva al practicante desde la construcción de fundamentos hasta la capacidad de reorganizar el material técnico como método propio.

1. Kāimén (開門) - Abrir la puerta
Kāimén es la puerta de entrada al sistema, pero no debe confundirse con una forma simple en el sentido pobre del término. Su función inicial es presentar el marco técnico: posturas, alineación, golpes básicos, bloqueos, coordinación entre manos y pies, y generación de potencia desde una estructura estable.
La idea de "abrir la puerta" tiene dos niveles. Para el alumno, abre el acceso al lenguaje del Shaolin del Norte. Para la aplicación marcial, enseña a abrir la defensa del adversario y a entrar con decisión. Por eso no se limita a una introducción lenta de brazos y posturas: ya muestra con claridad la identidad norteña del sistema mediante barridos, patadas, saltos y acciones de pierna que obligan al cuerpo a trabajar amplitud, movilidad y coordinación.
2. Lǐnglù (領路) - Liderar el camino
Lǐnglù desarrolla una cualidad esencial: no tener un solo lado útil. La forma alterna izquierda y derecha, obliga a equilibrar la coordinación corporal y evita que el practicante dependa de su lado dominante.
Su nombre sugiere también una idea táctica: liderar, conducir, hacer que el otro vaya hacia donde conviene. Esto no significa empujar al rival de forma literal todo el tiempo, sino aprender a organizar la interacción. Una defensa puede convertirse en entrada, un desvío en apertura y una variación técnica en una aplicación distinta.
3. Zuòmǎ (坐馬) - Montar a caballo
Zuòmǎ remite directamente a la postura de caballo y al trabajo de raíz. La forma exige piernas, base, estabilidad y capacidad de sostener posturas largas. Pero su valor no está solo en "aguantar bajo": está en conservar estructura cuando aparece la fatiga.
Dentro del camino pedagógico, Zuòmǎ representa la construcción de resistencia marcial. Enseña a permanecer fuerte durante una secuencia prolongada, a contraatacar desde una base estable y a continuar cuando el primer ataque no resuelve la situación.
4. Chuānxīn (穿心) - Atravesar el corazón
Chuānxīn concentra la intención ofensiva. Su imagen principal es atravesar el centro: atacar la línea media, penetrar la guardia y dirigir la potencia hacia zonas vitales del torso. Es una forma de precisión y decisión.
Sin embargo, no debe reducirse a "golpear al plexo solar". Su trabajo incluye explosividad, cambios laterales, alternancia de lados y respuestas ante direcciones múltiples. Frente a la resistencia larga de Zuòmǎ, Chuānxīn educa otra cualidad: reaccionar con rapidez y entrar al centro sin perder coordinación.
5. Wǔyì (武藝) - Habilidad marcial
Wǔyì significa habilidad marcial, y ocupa un lugar de integración. A estas alturas, el practicante ya ha trabajado fundamentos, simetría, raíz y ataque al centro. La quinta forma empieza a reunir esas piezas en una expresión más combativa.
Su carácter es más agresivo y exigente: cargas, combinaciones potentes, acondicionamiento, cambios de ritmo y técnicas explosivas. La forma no introduce solamente más movimientos; pide que el cuerpo aprenda a enlazarlos con intención marcial. Lo importante ya no es ejecutar técnicas aisladas con corrección, sino combinarlas bajo presión.
6. Duǎndǎ (短打) - Golpe corto
Duǎndǎ introduce el problema de la distancia reducida. El nombre apunta al golpe corto, al encuentro cercano y a la necesidad de generar potencia sin depender de grandes recorridos.
La lectura más obvia habla de manos compactas, velocidad, entradas cortas, codos, rodillas, controles y combinaciones rápidas. Pero en este currículo no conviene separar esa idea del carácter norteño del sistema. La forma también conserva recursos de pierna explosiva, como patadas giratorias y barridos, trabajados desde una lógica más comprimida.
7. Méihuā (梅花) - Flor de ciruelo
Méihuā introduce una inteligencia espacial más refinada. La flor de ciruelo sugiere direcciones múltiples, cambios de ángulo y capacidad de reorganizarse alrededor de un centro. Marcialmente, la forma se asocia con la ruptura de emboscadas y con el trabajo evasivo.
Aquí el movimiento deja de ser principalmente avance y retroceso. La forma enseña a salir de la línea, girar, cambiar de dirección, ocultar intención y atacar desde ángulos inesperados. Su belleza no es ornamental: los movimientos elegantes esconden entradas, desvíos y ataques engañosos.
8. Bábù (拔步) - Arrancar el paso
Bábù trabaja el paso como motor de continuidad. Su traducción puede entenderse como arrancar, tirar o desarraigar el paso. La idea central es que el desplazamiento no sea una pausa entre técnicas, sino parte de la acción ofensiva.
La forma desarrolla momentum: llevar la energía de un golpe al siguiente, seguir una apertura, entrar con barridos, patadas dinámicas y combinaciones que aprovechan el movimiento del cuerpo entero. Si Méihuā educa el cambio de ángulo, Bábù educa el avance que no se corta.
9. Liánhuán (連環) - Cadena continua
Liánhuán lleva el encadenamiento a un nivel avanzado. Su nombre expresa la idea de continuidad: un movimiento enlaza con otro como eslabones de una cadena. Pero no se trata simplemente de lanzar muchos golpes seguidos.
La cadena eficaz cambia ritmo, altura, dirección y plano. Puede incluir ataques sorpresa, maniobras acrobáticas usadas como acondicionamiento y como recurso táctico, técnicas sofisticadas de mano y trabajo cercano al suelo. La continuidad no consiste en repetir; consiste en impedir que el adversario recupere iniciativa.
10. Shìfǎ (式法) - Método de la técnica
Shìfǎ cierra el currículo como síntesis. Su nombre puede leerse como método de la técnica, ley del estilo o técnica del estilo. No funciona como una simple recopilación de lo anterior, sino como una reorganización.
La décima forma exige que el practicante reconozca, transforme y combine principios ya entrenados: estructura, simetría, resistencia, explosividad, compactación, ángulo, desplazamiento y encadenamiento. Las combinaciones previas pueden aparecer invertidas, reordenadas o llevadas a nuevas posibilidades.
El sentido del recorrido clásico y su adaptación actual
Leídas como camino pedagógico, las diez formas construyen una progresión:
Kāimén abre el lenguaje corporal del sistema.
Lǐnglù equilibra ambos lados y enseña variación.
Zuòmǎ construye raíz y resistencia.
Chuānxīn afina la entrada explosiva al centro.
Wǔyì integra técnica en habilidad combativa.
Duǎndǎ compacta la distancia sin perder potencia.
Méihuā cambia ángulos y rompe líneas.
Bábù convierte el paso en continuidad ofensiva.
Liánhuán encadena con presión y sorpresa.
Shìfǎ transforma el repertorio en método.
Sin embargo, no es así como las presentamos en nuestras escuelas actualmente. En nuestras escuelas empezamos típicamente por 6ª, luego 4ª, 5ª, o 7ª (todas formas cortas), y solo después empezamos con formas más largas como la 1ª.
La razón es simple: el kungfu hoy en día se estudia como una forma de deporte más, integrada en nuestra ya de por sí ajetreada vida. Las expectativas de progreso se miden en meses, no en años o lustros. Esto no significa que se enseñe precipitadamente, pero tampoco es razonable esperar que un alumno pase varios años practicando fundamentos antes de empezar el trabajo "de verdad".
Conclusión
Entender las diez formas ayuda a mirar el entrenamiento con otros ojos. Aquello que al principio parecía una mezcla un poco misteriosa de nombres, números, patadas y formas que "no van en orden" empieza a tener sentido. No porque de repente todo sea sencillo, sino porque ves el dibujo completo: cada forma trabaja una parte del cuerpo, una distancia, una intención, una manera de resolver problemas.
La 1ª abre la puerta, la 2ª equilibra los dos lados, la 3ª construye raíz, la 4ª enseña a entrar al centro, la 5ª integra, la 6ª compacta, la 7ª cambia de ángulo, la 8ª arrastra el paso, la 9ª encadena y la 10ª recoge todo eso y lo transforma. Visto así, Bei Shaolin deja de ser una lista de rutinas y se convierte en un camino.
Luego está nuestra realidad. No vivimos ni entrenamos como se entrenaba cuando este currículo tomó forma, y por eso el orden de enseñanza se adapta. Empezar por formas más cortas no rompe el sistema: permite entrar en él. Lo importante es no olvidar que esas piezas pertenecen a un mapa mayor.
Quizá esa sea la gracia. Empiezas sin entender nada, mirando de reojo a los que hacen "la 6ª" y pensando que aquello mola porque vuelan. Y años después descubres que sí, que molaba por eso, claro, pero también porque era una puerta lateral a algo mucho más grande. El puzzle sigue siendo enorme, pero al menos ya sabes qué imagen estás intentando formar.
